En plena era
de pedidos gastronómicos a domicilio, el arte no quiere
quedarse fuera del sistema. La tendencia es producto de las comodidades
que ofrece la vida urbana y, a la vez, de la inseguridad ciudadana
que llama al encierro. “Arte en movimiento y diversión”
es la consigna del grupo Teatro a la hora de los postres, cuyos
integrantes, al mejor estilo “delivery”, van a domicilio,
llevan tortas y de paso... interpretan una obra teatral. El grupo
está compuesto por Miguel Wahren (director y actor), Avián
Vainstein, Catherine Biquard, Magela Zanotta y Graciela Muñiz,
quienes se presentan a la hora señalada para poner a prueba
el humor en una fiesta de cumpleaños, una despedida de
soltero o bien en la casa de cualquier vecino que los llame para
pasar un momento divertido en familia y sorprender al homenajeado.
La idea nació de la conjunción de dos proyectos
distintos. El multifacético Wahren (es actor, director,
pastelero, charanguista, compositor y médico pediatra)
participó previamente en Música a la hora de los
postres, una experiencia similar en su esencia. Mientras tanto,
Catherine Biquard y su pareja Avián Vainstein tenían
en mente hacer “teatro con sushi”. A modo de síntesis
de los dos proyectos, “nos juntamos y dijimos Teatro a la
hora de los postres. Es decir, teatro con torta”, explica
Biquard a Página/12. Actualmente presentan la comedia de
enredos Encuentros y desencuentros en Francia. “Se trata
con un humor muy cínico el tema de las parejas”,
sostiene Biquard. “La comedia nos pareció divertida
y adaptable a un living y a una dinámica entretenida”,
explica Wahren. Si bien Wahren es, por experiencia, el director,
señala que “los chicos querían que la dirigiese
yo. Yo les dije que no, que lo hiciéramos entre todos porque
no me sentía capacitado para dirigir una comedia”,
confiesa. “Y así empezamos. En realidad empezamos
a dirigir todos y fue bárbaro porque espontáneamente
íbamos rotando en la dirección cada uno desde lo
que sentía que podía aportar”, señala.
Todo comienza con el llamado de algún familiar que quiere
agasajar a un ser querido o a algún amigo. El grupo va
previamente a ver la casa donde desarrollarán la obra,
para conocer las entradas y las salidas. “Tratamos de modificar
muy poco la casa y manejarnos como está. A lo sumo cambiamos
de lugar un sillón”, explica Wahren, quien comenta
que, posteriormente, arman un plano. El día y la hora fijados
llegan con delantales y se presentan como mozos. Entonces, la
gente no sabe qué va a pasar. “Nos ven y piensan
que los invitaron a comer tortas servidas por unos tipos con delantales.
Y de repente esos mismos que servían desaparecen y aparecen
como actores”, describe el artista pastelero.
“Cada función tiene su anécdota y eso es lo
divertido. Para nosotros, como actores, también es maravilloso
el hecho de tener que adaptarnos a una escenografía y a
un público que siempre es distinto”, dice Biquard.
Eso genera diversión y, a la vez, inconvenientes. “Es
un training bárbaro. Uno tiene que vivir el aquí
y ahora. Y nos ha pasado que, a veces, un actor sale por la puerta
equivocada porque se está yendo hacia el cuarto en vez
de abrir la puerta de salida. Uno tiene que estar pensando porque
no ensayó en el lugar ni lo conoce”, describe Biquard.
“O de repente nosotros, por ejemplo, tenemos que tener dos
sillas en los balcones. Las pusimos y, en un momento, nos distrajimos
y, de repente, vino más gente, nos sacaron las sillas y
no nos dimos cuenta. Y bueno, son adaptaciones constantes”,
agrega Wahren.
“No nos metemos con el público”, aclara Biquard
ante la posibilidad de que algunos puedan pensar que es una invitación
a la burla. “Es importante porque hay gente a la que le
parece medio violento que uno esté”, asegura. Teatro
a la hora de los postres (tiene página en Internet: www.teatroalahoradelospostres.ar.kz)
lleva realizadas más de 25 funciones a domicilio a pura
mezcla de bizcochuelo y arte. Tienen pensado enriquecer su repertorio
para brindar distintas opciones sin perder de lado el espíritu
de comedia.
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